Que nadie se llame a engaño, el número uno en el mercado de los procesadores es Intel, que también es el mayor vendedor de tarjetas gráficas gracias a sus chipsets integrados. Experiencia en ese ámbito no le falta, pero el primer puesto en tarjetas gráficas “puras” le corresponde a AMD, desde que se hizo con ATI. El orgullo de la casa es la última tarjeta gráfica profesional, el FireStream 9250 a un teraflop y con un consumo de 150 vatios que puede comprarse por la no muy alta cifra de unos mil dólares.
¿Es esta compra de AMD una amenaza para Intel? Pues parece que más que una amenaza, que a corto plazo les ha hecho pupa, supone una oportunidad porque Intel ha cobrado alas y se siente con energías para cruzar una nueva etapa. Acaban de presentar el proyecto Larrabee, antes presentado para necesidades… militares, pasa verse aplicado en ordenadores domésticos.
La estructura de Larrabee se define por la organización de varios núcleos sobre una misma placa, sin tener que ser inevitablemente idénticos. Pero lo que es nuevo aquí, es que este principio no se aplica a la unidad central o CPU (lo que es ya corriente), ni al procesador gráfico (ya existen GPUs de 256 núcleos), sino a nueva categoría de procesadores utilizados a la vez como GPU y coprocesador de la CPU.

Procesador de cuatro núcleos de Intel. Imagen: Intel.
Los GPU, en efecto, toman progresivamente el control sobre la CPU hasta el punto de que poco a poco se van olvidando de que solo sirven para dibujar el contenido gráfico de lo que vemos en la pantalla. Ciertamente su potencia es enorme, constantemente puesta a prueba por videojuegos cada vez más potentes, pero en ofimática y aplicaciones domésticas todos estos recursos son desaprovechados. Entonces, ¿por qué no desviar una buena parte de su potencia de cálculo a las aplicaciones?
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